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En agosto de este año, se cumplirán 100 años de la muerte de
Federico Engels, el hombre que contribuyó de manera decisiva a desarrollar las ideas del
marxismo. Engels combinó como pocos, su dominio de la
teoría marxista y su práctica de luchador obrero, hizo grandes aportaciones a la teoría
en particular en el campo de la filosofía marxista, y al mismo tiempo participó en la
lucha del movimiento obrero británico, en contacto permanente con la clase obrera.
Desde la Fundación de Estudios Socialistas Federico Engels, hemos decidido lanzar el
primer número de esta nueva revista, titulada MARXISMO HOY, precisamente coincidiendo con
el centenario de la muerte de Engels.
Es obligado, por tanto, que esta revista dedique una parte importante de sus páginas al
materialismo dialéctico y al mismo tiempo sea el inicio de una campaña destinada a
difundir las ideas, las aportaciones, la vida de Federico Engels, que transcurrirá
durante todo el año 1995.
En los próximos meses la Fundación editará un libro titulado Razón y Revolución,
sobre el marxismo y la ciencia moderna, como paso siguiente de esa campaña, dedicado a
demostrar como los grandes descubrimientos de la ciencia moderna, vienen a confirmar la
mayoría de las ideas y perspectivas que Engels desarrolló, hace más de cien años.
La publicación de ese libro, que presentamos en páginas interiores, y en general todas
las actividades que vamos a realizar, queremos que sirvan a la extensión y debate de las
ideas del marxismo.
El capitalismo continúa su decadencia histórica, dentro de su etapa de degeneración
imperialista. Las ideas del marxismo continúan probando en los hechos científicos su
extraordinaria validez como el nivel más avanzado de pensamiento humano bajo el
capitalismo y, por otro lado, por una de esas paradojas de la historia, estas ideas,
ocupan un espacio muy reducido en la mente de las masas.
Como marxistas somos deterministas, el socialismo es inevitable. Todo lo racional es real,
es decir las ideas que reflejan procesos objetivos, en la naturaleza o en la sociedad
acaban triunfando. Pero no somos fatalistas.
El proceso de la lucha de clases es una lucha de fuerzas vivas, en la que factores
objetivos y subjetivos, están en continuo desarrollo y en continua interrelación. No hay
ningún proceso, ningún fenómeno, bajo el capitalismo, que avance en línea recta.
Avances y retrocesos son inevitables. Más tarde o más temprano, el socialismo acabará
triunfando, cuando previamente las ideas del marxismo se apoderen de la mente de las
masas, se fusionen con la extraordinaria fuerza potencial del movimiento obrero mundial,
para convertirse en una fuerza decisiva que cambiará la historia.
En este primer número de la revista, publicamos, además del apartado dedicado al
centenario de Engels, un amplio análisis sobre el carácter de clase y la evolución
actual del fundamentalismo islámico, escrito por un marxista paquistaní, que vive estos
fenómenos muy de cerca.
Continuamos la publicación de la Historia del Partido Bolchevique, escrita por Alan
Woods, marxista británico. El primer capítulo fue publicado en la revista Izquierda
Marxista, también editada en el pasado por la Fundación Federico Engels. En próximas
publicaciones seguiremos con los siguientes capítulos.
Cuando se cumplen diez años del inicio de la perestroika, en marzo-abril de 1985,
publicamos un análisis sobre la importancia de este acontecimiento, y la posterior caída
del estalinismo, además de las perspectivas para Rusia. Estos hechos han pesado y siguen
pesando con fuerza sobre la época actual, y seguramente continuarán siendo objeto de
análisis en próximos números de la revista.
Por razones de espacio, no hemos podido insertar en este número artículos sobre la
situación en México, Irlanda y el Estado Español.
La Fundación editará en breve un folleto sobre la situación en Irlanda, que ayudará al
debate que está teniendo lugar en Euskadi, sobre el hipotético final de la violencia de
ETA. En el próximo número de la revista, que trataremos de que vea la luz antes de final
de este año de 1995, procuraremos superar las lagunas anteriores.
Mantendremos como secciones fijas Notas Económicas Internacionales, críticas de Libros y
Cartas.
A 90 años de la revolución rusa de 1905, hemos querido traer a colación la maravillosa
obra de León Trotsky, donde sentó las bases para su teoría de la revolución
permanente.
La revista nace con el objetivo de difundir las ideas del marxismo dentro del movimiento
obrero. Estamos totalmente abiertos a cualquier colaboración. Estaríamos muy agradecidos
a cualquier trabajador o joven, que nos hiciese llegar sus aportaciones o críticas para
mejorar la revista, para superar los inevitables fallos que seguramente tendrá, dados
nuestros escasos medios.
Pero, por encima de todo, os invitamos a participar con nosotros en la
Campaña-Celebración del centenario de la muerte de Federico Engels. Entre todos
contribuiremos a la expansión y al desarrollo de las ideas del MARXISMO HOY.
Comité de Redacción
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| V.I. Lenin Otoño de 1895 |
El 5 de agosto de 1895 falleció en Londres Federico
Engels. Después de su amigo Carlos Marx (fallecido en 1883), Engels fue el más notable
sabio y maestro del proletariado contemporáneo de todo el mundo civilizado. Desde que el
destino relacionó a Carlos Marx con Federico Engels, la obra a la que ambos amigos
consagraron su vida se convirtió en una obra común. Y así, para comprender lo que
Federico Engels ha hecho por el proletariado, es necesario comprender claramente la
importancia de la doctrina y actividad de Marx en pro del desarrollo del movimiento obrero
contemporáneo. Marx y Engels fueron los primeros en demostrar que la clase obrera con sus
reivindicaciones surge necesariamente del sistema económico actual, que, con la
burguesía, crea inevitablemente y organiza al proletariado. Demostraron que la humanidad
se verá liberada de las calamidades que la azotan no por los esfuerzos bien intencionados
de algunas que otras nobles personalidades, sino por medio de la lucha de clase del
proletariado organizado. Marx y Engels fueron los primeros en dejar sentado en sus obras
científicas que el socialismo no es una invención de soñadores, sino la meta final y el
resultado inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas dentro de la sociedad
contemporánea. Toda la historia escrita hasta ahora es la historia de la lucha de clases,
la sucesión en el dominio y en las victorias de unas clases sociales sobre otras. Y esto
ha de continuar hasta que no desaparezcan las bases de la lucha de clases y del dominio de
clase: la propiedad privada y la producción social caótica. Los intereses del
proletariado exigen que estas bases sean destruidas, por lo que la lucha de clase
consciente de los obreros organizados debe ser dirigida contra ellas. Y toda lucha de
clases es una lucha política. Estos conceptos de Marx y Engels
los ha hecho suyos en nuestros días todo el proletariado en lucha por su emancipación.
Pero cuando los dos amigos, en la década de los 40, participaban en la literatura
socialista y en los movimientos sociales de aquel tiempo, estos puntos de vista eran
completamente nuevos. A la sazón había muchos hombres con talento y otros sin talento,
muchos honrados y otros deshonestos, que, en el ardor de la lucha por la libertad
política, en la lucha contra la autocracia de los monarcas, de la policía y del clero,
no percibían el antagonismo existente entre los intereses de la burguesía y los del
proletariado. Estos hombres ni siquiera admitían la idea de que los obreros actuasen como
una fuerza social independiente. Por otra parte, ha habido muchos soñadores, algunas
veces geniales, que creían que bastaba tan sólo convencer a los gobernantes y a las
clases dominantes de la injusticia del régimen social existente para que resultara fácil
implantar en el mundo la paz y el bienestar general. Soñaban con un socialismo que
triunfara sin lucha. Finalmente, casi todos los socialistas de aquella época y, en
general, los amigos de la clase obrera no veían en el proletariado más que una llaga y
contemplaban con horror cómo, a la par que crecía la industria, crecía también esta
llaga. Por eso todos ellos pensaban en el modo de detener el desarrollo de la industria y
del proletariado, de parar "el carro de la historia". Contrariamente al temor
general ante el desarrollo del proletariado, Marx y Engels cifraban todas sus esperanzas
en el continuo crecimiento numérico de éste. Cuantos más proletarios haya tanto mayor
será su fuerza como clase revolucionaria y tanto más próximo y posible será el
socialismo. De expresar en pocas palabras los méritos de Marx y Engels ante la clase
obrera, podría decirse que enseñaron a la clase obrera a tener conocimiento y conciencia
de sí misma y sustituyeron los ensueños por la ciencia.
He aquí por qué el nombre y la vida de Engels deben ser conocidos de
todo obrero; he aquí el motivo de que insertemos en nuestra recopilación, que, como todo
lo que editamos, tiene por objeto despertar la conciencia de clase de los obreros rusos,
un esbozo sobre la vida y la actividad de Federico Engels, uno de los dos grandes maestros
del proletariado contemporáneo.
Engels nació en 1820, en la ciudad de Barmen, provincia renana del
reino de Prusia. Su padre era fabricante. En 1838, Engels, por motivos familiares, se vio
obligado, antes de terminar el liceo, a colocarse como dependiente en una casa de comercio
de Bremen. Este trabajo no le impidió ocuparse de su capacitación científica y
política. Siendo todavía alumno del liceo, Engels llegó a odiar la autocracia y la
arbitrariedad de los funcionarios gubernamentales. El estudio de la filosofía le llevó
aún más lejos. En aquella época, en la filosofía alemana predominaba la doctrina de
Hegel, de la que Engels se hizo partidario. A pesar de que el propio Hegel era admirador
del Estado autocrático prusiano, a cuyo servicio se hallaba en calidad de profesor de la
Universidad de Berlín, la doctrina de Hegel era revolucionaria. La fe de Hegel en la
razón humana y en los derechos de ésta y la tesis fundamental de la filosofía
hegeliana, según la cual en el mundo transcurre un proceso constante de cambio y
desarrollo, indujeron a los discípulos del profesor berlinés, que no querían resignarse
a la realidad, a la idea de que también la lucha contra la realidad, la lucha contra la
injusticia existente y el mal reinante tiene sus raíces en la ley universal del
desarrollo perpetuo. Si todo el mundo se desarrolla, si unas instituciones sustituyen a
otras, ¿por qué han de perdurar eternamente la autocracia del rey prusiano o del zar
ruso, el enriquecimiento de una minoría insignificante a expensas de la enorme mayoría,
el dominio de la burguesía sobre el pueblo?. La filosofía de Hegel hablaba del
desarrollo del espíritu y de las ideas: era una filosofía idealista. Del desarrollo del
espíritu deducía el desarrollo de la naturaleza, el del hombre y el de las relaciones
entre los hombres, el de las relaciones sociales. Marx y Engels, conservando la idea de
Hegel del perpetuo proceso de desarrollo (2), rechazaron su preconcebida concepción
idealista del espíritu, vieron que no es el desarrollo del espíritu lo que explica el
desarrollo de la naturaleza, sino, a la inversa, que el espíritu tiene su explicación en
la naturaleza, en la materia... Contrariamente a Hegel y otros hegelianos, Marx y Engels
eran materialistas. Enfocando el mundo y la humanidad desde el punto de vista
materialista, vieron que, lo mismo que todos los fenómenos de la naturaleza tienen por
base causas materiales, así también el desarrollo de la sociedad humana está
condicionado por el desarrollo de las fuerzas materiales, las fuerzas productivas. Del
desarrollo de las fuerzas productivas dependen las relaciones en que se colocan los
hombres entre sí en el proceso de producción de los objetos indispensables para la
satisfacción de las necesidades humanas. Y en dichas relaciones está la clave que
permite explicar todos los fenómenos de la vida social, los anhelos del hombre, sus ideas
y sus leyes. El desarrollo de las fuerzas productivas crea las relaciones sociales, que se
basan en la propiedad privada; pero vemos ahora también cómo ese mismo desarrollo de las
fuerzas productivas despoja de la propiedad a la mayoría de los hombres para concentrarla
en manos de una insignificante minoría; destruye la propiedad, base del régimen social
contemporáneo, y tiende al mismo fin que se han planteado los socialistas. Estos sólo
deben comprender cuál es la fuerza social que por su situación en la sociedad
contemporánea está interesada en la realización del socialismo e inculcar a esta fuerza
la conciencia de sus intereses y de su misión histórica. Esta fuerza es el proletariado.
Engels lo conoció en Inglaterra, en el centro de la industria inglesa, en Manchester,
adonde se trasladó en 1842, como empleado de una firma comercial de la que su padre era
uno de los accionistas. Allí Engels no se limitó a permanecer en la oficina de la
fábrica, sino que anduvo por los barrios inmundos en los que se albergaban los obreros y
comprobó con sus propios ojos la miseria y las calamidades que los azotaban. No
conformándose con sus propias observaciones, Engels leyó todo lo que se había escrito
hasta entonces sobre la situación de la clase obrera inglesa y estudió minuciosamente
todos los documentos oficiales que estaban a su alcance. Como resultado de sus
observaciones y estudios apareció en 1845 su libro La situación de la clase obrera en
Inglaterra. Ya hemos señalado más arriba en qué consiste el mérito principal de Engels
como autor de dicho libro. Es cierto que también con anterioridad a Engels fueron muchos
los que describieron los padecimientos del proletariado e indicaron la necesidad de ayudar
a éste. Pero Engels fue el primero en afirmar que el proletariado no sólo constituye una
clase que sufre, sino que precisamente la miserable situación económica en que se
encuentra le impulsa inconteniblemente hacia adelante y le obliga a luchar por su
emancipación definitiva. Y el proletariado en lucha se ayudará a sí mismo. El
movimiento político de la clase obrera llevará ineludiblemente a los trabajadores a la
conciencia de que no les queda otra salida que el socialismo, Por otra parte, el
socialismo tan sólo se transformará en una fuerza cuando se convierta en el objetivo de
la lucha política de la clase obrera. Estas son las ideas fundamentales de la obra de
Engels sobre la situación de la clase obrera en Inglaterra, ideas aceptadas ahora por
todo el proletariado que piensa y lucha, pero que entonces eran completamente nuevas.
Estas ideas fueron expuestas en un libro escrito con amenidad, lleno de los cuadros más
auténticos y patéticos en los que se mostraban las calamidades del proletariado inglés.
Era un libro que constituía una terrible acusación contra el capitalismo y la
burguesía. La impresión que produjo fue muy grande. En todas partes comenzaron a citar
la obra de Engels como el cuadro que mejor representaba la situación del proletariado
contemporáneo. Y en efecto, ni antes de 1845 ni después apareció una descripción tan
brillante y veraz de las calamidades sufridas por la clase obrera.
Engels se hizo socialista estando ya en Inglaterra. En la ciudad de
Manchester se puso en contacto con los militantes del movimiento obrero inglés existente
en aquel entonces y empezó a colaborar en las publicaciones socialistas inglesas. En
1844, al pasar por París de regreso a Alemania, conoció allí a Marx, con quien ya
mantenía correspondencia. Estando en París, Marx bajo la influencia de los socialistas
franceses y de la vida en Francia, también se hizo socialista. En la capital de Francia
los dos amigos escribieron juntos su obra La sagrada familia. Esta obra, escrita en su
mayor parte por Marx y que apareció un año antes de La situación de la clase obrera en
Inglaterra, contiene las bases del socialismo revolucionario-materialista, cuyas ideas
principales hemos expuesto más arriba. La sagrada familia es un nombre burlón dado a los
filósofos hermanos Bauer y a sus secuaces. Estos señores predicaban una crítica que
estaba por encima de toda realidad, por encima de los partidos y de la política, que
negaba toda actuación práctica y sólo contemplaba "críticamente" el mundo
circundante y los sucesos que ocurrían en él. Los señores Bauer calificaban
desdeñosamente al proletariado de masa carente de sentido crítico. Marx y Engels se
enfrentaron enérgicamente con esta tendencia absurda y nociva. En nombre de la verdadera
personalidad humana, la del obrero pisoteado por las clases dominantes y por el Estado,
Marx y Engels exigían no la contemplación, sino la lucha por un orden social mejor. Y
veían, naturalmente, que la fuerza capaz de librar esta lucha, en la que estaba
interesado, era el proletariado. Ya antes de la aparición de La sagrada familia, Engels
había publicado en la revista Anales franco-alemanes, editada por Marx y Ruge, su Estudio
crítico sobre la economía política(3) en el que analizaba desde el punto de vista
socialista los fenómenos básicos del régimen económico contemporáneo, como
consecuencia inevitable de la dominación de la propiedad privada. Su relación con Engels
contribuyó sin duda a que Marx se decidiera a ocuparse del estudio de la economía
política, ciencia en la que sus obras produjeron toda una revolución.
Desde 1845 a 1847 Engels vivió en Bruselas y en París, alternando los
estudios científicos con las actividades prácticas entre los obreros alemanes residentes
en dichas ciudades. Allí Engels y Marx se relacionaron con una asociación clandestina
alemana, la "Liga de los Comunistas", que les encargó que expusiesen los
principios fundamentales del socialismo elaborado por ellos. Así surgió el famoso
Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels, que vio la luz en el año 1848. Este
pequeño libro vale por tomos enteros: su espíritu da vida y movimiento, hasta hoy día,
a todo el proletariado organizado y combatiente del mundo civilizado.
La revolución de 1848, que estalló primero en Francia y se extendió
después a otros países de la Europa Occidental, permitió a Marx y Engels regresar a su
patria. Allí, en la Prusia renana, asumieron la dirección de la Nueva Gaceta del Rhin,
periódico democrático que aparecía en la ciudad de Colonia. Los dos amigos constituían
el alma de todas las tendencias democráticas revolucionarias de la Prusia renana. Ellos
defendieron hasta la última posibilidad los intereses del pueblo y de la libertad contra
las fuerzas reaccionarias. Como es sabido, las fuerzas reaccionarias vencieron, la Nueva
Gaceta del Rhin fue suspendida, y Marx, que mientras se hallaba en la emigración había
sido privado de los derechos de súbdito prusiano, fue expulsado del país; en cuanto a
Engels, después de participar en la insurrección armada del pueblo y combatir en tres
batallas en pro de la libertad, huyó a Londres, a través de Suiza, una vez derrotados
los insurgentes.
A Londres vino a establecerse también Marx. Engels no tardó en
colocarse de nuevo en la misma casa de comercio de Manchester, de la que había sido
empleado en la década del 40, y más tarde se hizo socio suyo. Hasta 1870, Engels vivió
en Manchester y Marx en Londres, lo que no fue óbice para que siguieran en el más
íntimo contacto espiritual, manteniendo correspondencia casi a diario. En esta
correspondencia los dos amigos intercambiaron sus ideas y conocimientos, continuando la
elaboración en común de la doctrina del socialismo científico. En 1870 Engels se
trasladó a Londres y hasta 1883, año en que murió Marx, continuaron su vida intelectual
conjunta, una vida llena de intensísimo trabajo. Su resultado fue, por parte de Marx, El
Capital, la obra más grande sobre economía política de nuestro siglo, y, por parte de
Engels, toda una serie de obras grandes y pequeñas. Marx trabajó en el análisis de los
complejos fenómenos de la economía capitalista. Engels, en sus trabajos, escritos con un
lenguaje muy ameno, muchas veces en forma de polémica, enfocó los problemas científicos
más generales y los diversos fenómenos del pasado y del presente en el sentido de la
concepción materialista de la historia y de la doctrina económica de Marx. De estos
trabajos de Engels citaremos: la obra polémica contra Dühring (en ella el autor analiza
los problemas más importantes de la filosofía de las ciencias naturales y de la
sociología(4). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Ludwig
Feuerbach, un artículo sobre la política exterior del gobierno ruso(5), sus magníficos
artículos sobre el problema de la vivienda(6) y, finalmente, dos artículos, pequeños
pero muy valiosos, Sobre el desarrollo económico de Rusia (Federico Engels sobre
Rusia)(7). Marx murió sin haber logrado dar definitivo remate a su grandiosa obra sobre
el capital. Sin embargo, esta obra estaba terminada en borrador y Engels, después de la
muerte de su amigo, emprendió la difícil tarea de redactar y editar los tomos segundo y
tercero de El Capital. En 1885 editó el segundo y en 1894 el tercer tomo (el cuarto tomo
ya no alcanzó a redactarlo)(8). Estos dos tomos le exigieron muchísimo trabajo. El
socialdemócrata austriaco Adler observó con razón que, con la edición del segundo y
tercer tomos de El Capital, Engels erigió a su genial amigo un monumento majestuoso en el
que, involuntariamente, había grabado también con trazos indelebles su propio nombre. En
efecto, dichos tomos de El Capital son obra de ambos, de Marx y de Engels.
Las leyendas de la antigüedad nos demuestran diversos ejemplos de
emocionante amistad. El proletariado europeo tiene derecho a decir que su ciencia fue
creada por dos sabios y luchadores cuyas relaciones mutuas superan a todas las
emocionantes leyendas antiguas sobre la amistad entre los hombres. Engels siempre, y en
general con toda justicia, se posponía a Marx. "Al lado de Marx escribió en
una ocasión a un viejo amigo suyo me correspondió el papel de segundo
violín"(9). Su cariño hacia Marx mientras éste vivió y su veneración a la
memoria del amigo muerto fueron infinitos. Engels, el luchador austero y pensador
profundo, era hombre de una gran ternura.
Después del movimiento de 1848-49, Marx y Engels, en el exilio, no se
dedicaron únicamente a la labor científica. Marx creó en 1864 la AIT (Asociación
Internacional de los Trabajadores), que dirigió durante todo un decenio. También Engels
participó activamente en sus tareas. La actividad de esta "Asociación
Internacional" que, de acuerdo con las ideas de Marx, unía a los proletarios de
todos los países, tuvo una enorme importancia para el desarrollo del movimiento obrero.
Pero, incluso después de haber sido disuelta dicha asociación, en la década del 70, el
papel de Marx y de Engels como unificadores de la clase obrera no cesó. Por el contrario,
puede afirmarse que su importancia como dirigentes espirituales del movimiento obrero
seguía creciendo constantemente, porque el propio movimiento continuaba desarrollándose
sin cesar. Después de la muerte de Marx, Engels, solo, siguió siendo el consejero
dirigente de los socialistas europeos. A él acudían en busca de consejos y directrices
tanto los socialistas alemanes, cuyas fuerzas, a pesar de las persecuciones
gubernamentales iban constante y rápidamente en aumento, como los representantes de
países atrasados, por ejemplo, españoles, rumanos, rusos, que se verían en el trance de
meditar y medir con toda cautela sus primeros pasos. Todos ellos aprovechaban el
riquísimo tesoro de conocimientos y experiencias del viejo Engels.
Marx y Engels, que conocían la lengua rusa y leían libros en ruso, se
interesaban vivamente por Rusia, seguían con simpatía el movimiento revolucionario de
nuestro país y mantenían relaciones con revolucionarios rusos. Ambos eran ya demócratas
antes de hacerse socialistas y tenían profundamente arraigado el sentimiento democrático
de odio a la arbitrariedad política. Este sentimiento político innato, a la par que la
profunda comprensión teórica del nexo existente entre la arbitrariedad política y la
opresión económica, así como su riquísima experiencia de la vida, hicieron que Marx y
Engels fueran extraordinariamente sensibles precisamente en el sentido político. Por lo
mismo, la heroica lucha sostenida por un puñado de revolucionarios rusos contra el
poderoso gobierno zarista halló en el corazón de estos dos revolucionarios probados la
simpatía más viva. Y a la inversa, era natural que el intento de volver la espalda a la
tarea inmediata y más importante de los socialistas rusos la conquista de la
libertad política, en aras de supuestas ventajas económicas, les parecía
sospechoso e incluso fuese considerado por ellos como una traición a la gran causa de la
revolución social. "La emancipación del proletariado debe ser obra del proletariado
mismo"(10) nos enseñaron siempre Marx y Engels. Y para luchar por su emancipación
económica, el proletariado debe conquistar ciertos derechos políticos. Además, Marx y
Engels vieron con toda claridad que la revolución política en Rusia tendría también
una enorme importancia para el movimiento obrero de la Europa Occidental. La Rusia
autocrática ha sido siempre el baluarte de toda la reacción europea. La situación
internacional extraordinariamente ventajosa en que colocó a Rusia la guerra de 1870, que
sembró por largo tiempo la discordia entre Alemania y Francia, naturalmente, no hizo más
que aumentar la importancia de la Rusia autocrática como fuerza reaccionaria. Unicamente
una Rusia libre, que no tuviese necesidad de oprimir a los polacos, finlandeses, alemanes,
armenios y otros pueblos pequeños, ni de azuzar continuamente una contra otra a Francia y
Alemania, daría a la Europa contemporánea la posibilidad de respirar aliviada del peso
de las guerras, debilitaría a todos los elementos reaccionarios de Europa y aumentaría
las fuerzas de la clase obrera europea. Por lo mismo, Engels, teniendo también en cuenta
los intereses del movimiento obrero del Occidente, abogó calurosamente por la
implantación de la libertad política en Rusia. Los revolucionarios rusos han perdido en
su persona al mejor de sus amigos.
¡Memoria eterna a Federico Engels,
gran luchador y maestro del proletariado!
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